08. Valores

Desde muy temprana edad el dinero ocupó un lugar importante en nuestras cabezas. cEra la razón que se nos daba para explicar las muy extendidas ausencias de Papá, incluso desde la época de La Casa. “Está trabajando” o “está en un viaje por trabajo” eran muchas veces las maneras de explicar sus ausencias prolongadas. Sin embargo, el dinero era algo a lo que rara vez teníamos acceso. Comprar algo en la cantina del colegio, o en un kiosco, era normalmente un imposible.

Cuando una necesidad que considerábamos insorteable surgía -más allá de las necesidades básicas, que siempre estuvieron cubiertas- debíamos juntar coraje para entrar al cuarto de Papá y, cabizbajos, presentar el pedido. Acto seguido papá nos preguntaba algo del estilo de “y por qué venís así todo como un perro mojado?”, y nosotros respondíamos alguna variación de “porque sé que no me lo merezco”. En otras ocasiones, formulaba él mismo la pregunta “te parece que te lo mereces?”. Aprendimos que afirmarnos no merecedores de lo que sea que quisiéramos era uno de los pasos para tener una chance de obtenerlo.

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