04. Bisagra
Inmediatamente después de la muerte de mamá, mi hermano menor y yo vivimos en la casa de mis abuelos, Tata y Buga, por algunos meses. Ni mi padre ni mi hermano mayor aparecen como figuras presentes en mis recuerdos de este periodo.
Teníamos pequeños conflictos regulares con mi estructurada abuela y nos llevábamos muy bien con nuestro abuelo, la figura de autoridad más extraña con la que había convivido hasta entonces. Desde mi óptica infantil era un viejo relajado, sin pelos en la lengua, que hacía lo que le venía en gana. Pasaba las tardes en un bar cercano donde todos los residentes habituales ya nos conocían y saludaban gracias a nuestras regulares visitas acompañando al Tata.