06. La Secretaria
Cuando vivíamos en La Casa, los viajes a Montevideo no consistían sólo en las infrecuentes visitas en el auto de mi padre a mi abuela o alguna otra actividad puntual. También estaban los viajes en ómnibus con mamá. Recuerdo estos últimos como experiencias sofocantes y aburridas. No puedo recordar nada específico al respecto, solo esa sensación, que asocié al transporte público hasta bien entrada mi adolescencia.
Uno de aquellos viajes junto a mamá y mi hermano menor nos llevó al trabajo de mi padre en el Centro, y fuimos recibidos por una joven secretaria de veintipocos años a la que saludamos muy afectuosamente. Presumo que ya la conocíamos y no era la primera vez que esta secuencia tenía lugar. Fuimos corriendo a sus brazos mientras mi madre, molesta y cansada, se sentaba en la sala de espera. Ese día es el único recuerdo nítido que tengo de la joven a la que nos referíamos como la secretaria buena hasta aquel momento.