10. Gordito

Un buen día descubrí que la comida era otra forma muy eficiente de silenciar mis emociones y el dolor que me perseguía. Comencé a darme atracones siempre que podía. Comía y bebía refrescos como si no hubiera mañana. El acceso limitado a fondos propios era sorteable gracias al impuesto secreto de los mandados, y la constante mejora de la situación económica de mi padre implicaba heladeras relativamente llenas que visitar en la noche. 

En casa, dulces como barras de chocolate eran un lujo reservado para mi padre y su esposa, pero pronto empecé a atacar sus escondites y llevarme las piezas de chocolate que pensaba que podían pasar desapercibidas.

Debes acceder para ver el resto del contenido. Por favor . ¿Aún no eres miembro? Únete a nosotros

Publicaciones Similares

  • 13. Ella

    La primera de mis pesadillas recurrentes comencé a tenerla durante mis noches en La Casa. En aquel entonces soñaba que me encontraba en la rambla (un lugar que conocía a través de la ventanilla del auto por los poco frecuentes viajes a Montevideo), estaba perdido e intentaba sin éxito encontrar el camino a casa. En…

  • 05. Terror

    Es recién en esta etapa de mi vida que la ausente figura de mi padre empieza a aparecer en mis recuerdos como una constante, y lo hace como una figura distante, autoritaria y aterradora. En su seria figura se manifestaba una oscuridad cada vez más omnipresente en mi vida, cuyo origen me eludía, pero me…

  • 08. Valores

    Desde muy temprana edad el dinero ocupó un lugar importante en nuestras cabezas. cEra la razón que se nos daba para explicar las muy extendidas ausencias de Papá, incluso desde la época de La Casa. “Está trabajando” o “está en un viaje por trabajo” eran muchas veces las maneras de explicar sus ausencias prolongadas. Sin…

  • 11. Metamorfosis

    En lo que se refiere a Educación Primaria y Secundaria, mis padres nunca escatimaron en gastos, ni antes ni después de la muerte de Mamá. Teníamos algunas dificultades adaptándonos a los centros educativos, y esta situación no hacía más que empeorar conforme se agravaba la situación en La Casa. Nuestra tolerancia a la frustración era…